Las historias en torno a la protección del medio ambiente en Irotama rayan en lo asombroso. Es célebre el bungalow en cuya sala crecía y escapaba por el techo y una ventana un árbol de trupillo, gracias a que el diseño de la cabaña clásica fue alterado para no tener que tumbarlo. Durante décadas los ocupantes de la cabaña compartieron con agrado ese amor por la naturaleza. Esta sencilla anécdota encierra toda la filosofía del hotel.
No cabe duda que Irotama ha sido no solo una institución visionaria sino que continúa a la vanguardia en el campo ecológico, apoyada en una labor que se remonta a cerca de 50 años, cuando antes de haber cavado las zanjas para los cimientos del hotel, ya se habían sembrado los centenares de cocoteros, especies nativas y plantas ornamentales que hoy hacen de Irotama el único resort verde de la región.
Para abrirle paso a la naturaleza, se desecaron pantanos, se canalizaron las aguas y se habilitaron terrenos que se consideraban perdidos. En esos árboles, que entonces eran plántulas, habitan varias especies distintas de aves, iguanas, ardillas y, eventualmente, otras aves que van de paso.
Dicha visión de futuro ambiental, cuando la palabra ecología era una desconocida en el vocabulario universal, es en la actualidad no sólo una de las dos mayores virtudes de este complejo hotelero, sino una rentable práctica.